Tragedia avifaunística en las carreteras

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Tragedia avifaunística en las carreteras

Las vías de comunicación siegan la vida de numerosas especies con especial impacto de gran fauna en las nacionales 631, 122 y 525

La muerte de fauna en carretera es una tragedia que está a la orden del día y, además, es un tema “de compleja solución” por decirlo con la expresión del presidente de la Asociación Zamorana de Caza y Pesca, Antonio de José Prada. La organización agraria COAG-Zamora hace referencia por boca de su representante de Medio Ambiente, José Manuel Soto, “a la proliferación de fauna y a la necesidad de un control de las especies”, así como “al vallado o limpieza de márgenes”; y la Sociedad Española de Ornitología (SE0-BirdLife), a la adopción de medidas “en los puntos conflictivos” así como una mayor concienciación de la sociedad para la reducir los altos niveles de mortalidad en palabras del biólogo y técnico Juan Carlos del Moral.

El número de animales atropellados o muertos en las vías de comunicación es incuantificable por la diversidad y la naturaleza de los afectados, y conforme al hábitat y a sus pobladores. Aunque todo conductor que circula por los viales es consciente de que muchas desgracias son del todo inevitables, como sucede con insectos y pequeñas aves que salen de sopetón, también es sabedor de que hay desastres que pueden evitarse si se cumplen las indicaciones -límite de velocidad o señales de fauna- o se atiende al sentido común que advierte de las características de los pagos transitados. “Ten cuidado y no corras que ese tramo lo cruzan muchos animales” es una advertencia dada a cientos de conductores antes de salir de casa. Y es que los accidentes hablan por sí solos y quedan en la memoria de las gentes si el resultado es grave o, peor aún, fatal.

“Los atropellos nunca dejarán de existir porque habría que blindar las vías de comunicación y crear megavallados vinculados a las infraestructuras. Es un problema de una gran dimensión que merece de un estudio de una forma individualizada, y donde se observa un mayor índice de atropellos adoptar pasos de fauna y medidas compensatorias o disuasorias” manifiesta De José Prada. “Los atropellos son grandes indicadores de la abundancia y de la densidad de especies, como es el caso de topillos y liebres” expresa Prada.

La realidad de los atropellos de fauna ha convertido a un importante número de viales de la provincia de Zamora en escenarios conocidos por sus “puntos negros”. Es el caso, en Zamora, de la N-631 que enlaza la N-630 con la N-525 y que bordea la Reserva de Caza de la sierra de La Culebra, cuna de lobos, ciervos, corzos y jabalíes; la propia N-525 que parte de Benavente y comunica con Galicia, surcando Los Valles, la Carballeda y Sanabria, hábitat de especies de caza menor y mayor; la N-122 que atraviesa la provincia desde Toro hasta la frontera portuguesa, con Monte la Reina y Aliste como escenarios poblados de especies cinegéticas y no cinegéticas. A las grandes rutas se suman las regionales y locales, que multiplican los siniestros, ya sea en comarcas ornitológicas como Tierra de Campos, con la Reserva de las Lagunas de Villafáfila, o Sayago, con el meloncillo haciéndose dueño y señor de Arribes. Y también se repara en viales que discurren por zonas con humedales y que son criminales para los anfibios, como es la ZA-324, que parte de Ricobayo y, por Moralina y Torregamones, da paso a Portugal por el paso fronterizo de Miranda do Douro.

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